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LEER EN LÍNEA...


 
RESONANCIAS

DE  LA INTERVENCION  PASIVA A LA CONTEMPLACION ACTIVA

Una sintaxis posible de la constitución y configuración del acontecimiento terapéutico desde el ACP 

 

¿Sabes que me hace visible a tus ojos?

La luz con que me miras

 

AUTORES: DR. CLAUDIO RUD / LIC. VIVIANA REY

PRESENTADO EN: ENCUENTRO LATINO LA FALDA – OCTUBRE 2000

Definición
 
- f. Sonido producido por repercusión de otro.
- Prolongación del sonido  que va disminuyendo por grados.
- Fig. Gran divulgación que adquiere un hecho. sinónimo: repercusión.
 
Sinónimos y Antónimos
 
- f. Repercusión, divulgación, eco, notoriedad (a.: olvido.
- Hipertono, armónico.
 
(Traducción al inglés- f. resonance. - echo.)
 

 

INTRODUCCIÓN

Hace ya varios años que intento desarrollar una alternativa teórica  dentro del E.C.P. (al que preferimos llamar Acercamiento Centrado en la Persona) que contemple la transformación paradigmática que como humanidad venimos  experimentando. La concepción newtoniana-laplaciana de un universo mecanicista regido por el orden absoluto ha sido sustituida por la de un cosmos autoorganizador, resultado de la dialógica compleja entre orden y desorden; por otra parte, las nociones de ecosistema y de biosfera y  la teoría de la complejidad dibujan una nueva imagen de la Naturaleza. 

Hemos visto que si bien el hombre pertenece íntegramente al cosmos y al reino de lo viviente, al desarrollar el reino de la cultura, los sobrepasa, y se desarraiga de ellos, dando lugar a lo que luego intentaremos describir como el poder que desune.

Ésto da cuenta de una inevitable toma de posición frente a la realidad que nos lleva, desde mi punto de vista, en la dirección de tender hacia dos posibles actitudes: la colonizadora[1] (que procede a intervenir pero sin opciones por estar altamente determinada por la cultura de “los que toman”[2]) un ejemplo de esta actitud lo encontré días pasados en un diario de circulación masiva y era la afirmación de un biólogo americano: “El freno de la evolución provocaría la extinción del hombre. Pero manejar nuestros genes podría salvamos” (sic); la contemplativa (caracterizada por una mirada alternativa, que no pretende, que no juzga: “los que dejan”). Estas actitudes forman parte de nuestra vida cotidiana y nadie esta exento de proceder de uno y de otro modo. En nuestra práctica como terapeutas rogerianos, nos fue ocurriendo que nos encontramos cada vez mas cerca de esa actitud contemplativa y esto nos condujo a reflexiones y cuestionamientos acerca de ciertas posiciones teóricas y prácticas colonizadoras dentro del ACP algunas de las cuales desearíamos compartir con nuestros lectores.    

 

Claudio, necesitamos  empezar a escribir por algún lado;

Lo que sucede Vivi, es que es tan rico, complejo y confuso lo que estamos conversando, que creo que por eso nos resulta difícil. 

El intercambio se hace circular, tan pleno y tan vivo, que nos cuesta cristalizarlo en un texto, en un discurso que adquiera el formato de lo sucesivo o secuencial. En cambio lo que vivimos es simultaneo y  al escribirlo o cristalizarlo  en palabras impresas, parece detenerse, quedarse quieto...

Así es como nos gustaría ser leídos o mejor como deseamos poder escribir este articulo, como producción que deviene música, o color, o imagen; de manera que creemos que intentaremos escribirlo desde el “entre” entendido como un espacio que produce un efecto-dialogo y una inevitable mutua implicación. 

 “Una buena manera de leer, hoy en día, seria tratar un libro de la misma manera que se escucha un disco, se ve una película o un programa de televisión, de la misma manera que se acoge una canción: cualquier tratamiento del libro que reclame para él un respeto, una atención especial, corresponde a otra época y condena definitivamente al libro. Los conceptos son exactamente como los sonidos, los colores o las imágenes: intensidades que nos convienen o no, que pasan o no pasan.”[3] Es el genuino encuentro al que se refiere Deleuze cuando cita la relación entre la abeja y la orquídea “nada que esté ni en una ni en otra, aunque puedan llegar a intercambiarse, a mezclarse,  sino algo que está entre las dos, fuera de las dos, y que corre en otra dirección.”

De modo que vamos a tratar de escribirlo de esa manera, como imágenes, como sonidos , como pintando un cuadro de palabras, tratando de incluir nuestras resonancias creando ese espacio  de dialogo que incluya también, el eco de nuestros lectores.

 

LO PROPIO Y LO AJENO

 

Hace algunos años escribía en El Camino de la Indiferencia, mi sensación derivada de mi práctica como terapeuta del carácter continuo del discurrir terapéutico, “Contemporáneamente con el uso creciente del lenguaje poético fue  creciendo  en  mi la  impresión de perder  objetividad. El  discurso  del  paciente   al  que  se  le  agregaba  mi  propio  discurso   comenzó   a  transformarse   en  un  discurrir, un  acontecer  que  no   me   permitía  diferenciar  con  claridad  donde  estaba el  sujeto  ni  el  objeto, que  fragmento del discurso le pertenecía a él y cual me pertenecía a mí. Creí  poder  restituir  algún  centro a partir de un  nuevo  "sujeto"  llamado  vínculo. Fue  inútil,  la  realidad  se  descentraba,  no  había  alojamiento  posible  para  el  fenómeno  fuera  de sí. Los olores,  los  sonidos los  sentimientos,  la   mesa,  Juan,  el recuerdo,  Claudio,  las palabras,  las formas; constituyen  un  discurrir totalizante e  indiferenciado  que  se  aparece  y  se  constituye  en  ese  aparecerse. Solo  es  posible  estar  presente,  asistiendo,  resonando. Es  a  este  fenómeno al  que  hoy  podría  definir como PERSONA. Tal vez solo  se trate de una mayor densidad en  un  continuo”[4].  Esto  derivo más tarde  en una conciencia creciente de que lo que hay, lo que sucede, lo que acontece pertenece a un continuo en el que se enlazan indisolublemente objetos,  a los que nuestra estructura actual de pensamiento tiende a ver como discretos, aislados. (Por un lado yo, por otro lado el otro, por otro lado el sillón, la frenada que se escucho en la esquina) . Este continuo  esta compuesto de infinitas mutuas implicaciones, con efectos en principio impredecibles. Las formulaciones teóricas más aproximadas a este fluir ininterrumpido que percibía  y experimentaba en mi trabajo y en mi vida , las encontré en la teoría del caos y la teoría de la complejidad,  en particular en  el acento del llamado efecto mariposa , y su invitación a la imprevisibilidad. Me estoy refiriendo a concebir al ser humano como un sistema abierto, no lineal, complejo y autogenerador. Todo parece confluir, el azar comienza a ocupar un lugar efectivo de ley, se vuelve riguroso, inexorable como el juego de dados niezstcheano. Advierto que mis intervenciones son cada vez más generadas desde un registro que es a la vez propio y ajeno.(eco del eco del eco del eco).

La oportunidad que me dio el  robo del cual fui objeto en el verano, fue permitirme reflexionar bastante sobre la noción de robo entendida como la apropiación de lo ajeno, y en este sentido me cuestione  si es que hay algo rigurosamente propio, y si es que hay algo que sea rigurosamente ajeno. En relación con la posesión de objetos es probable establecer esta caracterización,  pero llevado al plano de las relaciones humanas, y en particular llevado al plano de lo experimentado en la psicoterapia, cuando alguien por ejemplo, nos  habla de un dolor, en algún sentido, ese dolor que me es ajeno, también lo reconozco como propio. Cuando alguien trae dolor, aquí entre nosotros hay dolor. Así fue tomando forma rudimentaria el concepto  de resonancia que busca definir este fenómeno.

...Quiero hablar del dolor.

Entonces, todas estas palabras, toda esta práctica, de que manera se acerca y acompaña y alivia el dolor humano, la desesperación.

A lo mejor, más allá de cualquier cartografía, sea cual fuere, lo que produce alguna cuestión vital es estar cerca unos con otros desde un lugar de humanidad. Después pongamos las etiquetas que queramos.

El dolor humano, existencial, es algo a ser curado?

Aquí me parece hay una diferencia entre esta posición, y otros cuerpos teóricos; no hay su desesperación, hay la desesperación que podemos compartir como humanidad, en un mundo que aparece caótico y sin sentido. No hay su plenitud, sino la plenitud de sentirnos parte de un todo maravilloso y vibrante. Vuelvo al encuentro como base de todo lo demás, y cuando el encuentro humano se produce, hay espacio, vacío, resonancias, creación y libertad. Hay eso, no lo pongo yo, ni el otro. Hay eso en el encuentro. Por acá también me aparece con claridad el aporte de esta mirada. Estamos hablando de las resonancias, partiendo del encuentro humano, y el cambio si es que es necesario, aparece, sucede, y no a nivel YO separado...

Entro en un circulo, de qué manera esta mirada acerca algo nuevo a este viaje, a esta existencia; y otra vez se me cuela la intención curativa, claro pero es distinto que el dolor sea de otro, su patología, a formar parte.

...No hay respuestas, no hay métodos, no los sé,  no les creo...

Cuando busco respuestas únicas y que ordenen, métodos que me aclaren un camino cierto,  saber, saber, saber,

Intento separarme, aislar mi dolor, de su dolor. No involucrarme porque esa indiferenciación me da miedo. Me protejo, me escondo, me clasifico.

Me alivio del sin sentido

Sé que esto me pasa.

Cuando estoy con otro, ahí, en ese estado en el que me involucro, me abro y estoy

Sin buscar claramente nada, más que estar con lo que ahí hay, siento otras cosas, aún el vértigo de la intimidad, ese espacio donde los límites habituales toman otra calidad (casi borrados, casi leves, y tan vivos y sensibles a la vez)

El dolor humano, no se puede curar, se puede compartir

El compartir lo hace circular, y la circulación  (vida, latido, movimiento)alivia el sufrimiento, (para mi: estado detenido, solidificado  y agonizante del dolor)

 

PSICOTERAPIA POETICA

Es notable como

Un robo,

un dolor,

Un misterio,

un desencanto o

un recuerdo;

autorizan

la poesía.

 

La necesidad de nombrar o definir ese territorio de una manera que contemple este carácter propio y ajeno del acontecimiento terapéutico, estimuló en mí el uso creciente del lenguaje figurado como forma de reflejo.

Es por esto que me permito hablar, aunque provisoriamente,  de psicoterapia poética, ¿Por qué digo poética? Porque la poesía producida por un poeta, en rigor, no le pertenece a nadie. La poesía surge por una extraña y misteriosa combinación.

¿Cuánto de lo que aquel describe pertenece a lo descrito? ¿Cuánto de lo descrito pertenece a aquel que escribe? Es imposible establecerlo sin cerrar lo que la poesía abre...

Resonancia es ese fluir poético, que encuentra a lo humano como un atractor,  tal cual lo define la moderna teoría de la complejidad,  y que adquiere una peculiar presencia de intensidad en ese continuo de intensidades variables que es el mundo.    

  Me refiero a la poeticidad de la que nos habla Kostas Axelos; entendida como el ámbito de la resonancia, el espacio vibrante de todo lo que hay, el cosmos en su palpitar.” La poeticidad del mundo es la apertura del lenguaje (y no únicamente del lenguaje sino también de la experiencia), al ritmo del mundo, ya que el mundo no es caótico o carente de ritmo, el mundo que abarca todos los mundos es el que inspira el pensamiento y es el que nos permite inscribirnos poéticamente (podríamos decir creativamente, si esta palabra no estuviese demasiado coloreada) en su ritmo.”   "La poeticidad no se refiere únicamente a aquello que está en relación con la poesía, en una relación amistosa o erótica, por ejemplo,  puede haber más poeticidad que en la obra de un poeta coronado. Pero el hogar de esta poeticidad no es el hombre personal, individual.  Comprender al hombre de un modo personal e individual es cerrarse al mundo, es quedarse en el psicologismo. Es únicamente cuando el hombre se comprende como fragmento del mundo, como un fragmento que juega con los otros fragmentos, que el juego del mundo puede abrirse”[5]

En este sentido tal vez sea la poesía la zona de confluencia entre la palabra y su sonoridad, donde la palabra pierde su peso especifico,  su consistencia conceptual y categórica y se abre el ámbito que articula la palabra y la música: el “entre” que caracteriza entonces a la Psicoterapia Poética. “Tanto el poeta como el terapeuta están cumpliendo con un llamado, obedecen a una vocación. En tanto este llamado lo demanda, hay un tiempo y un espacio compartido y lo que se trata esta totalmente a la vista. Así como el poeta esta preparado para escuchar el murmullo de las cosas y en su palabra se instaura la resonancia de lo existente, así en psicoterapia, ponerle nombre al murmullo de la coexistencia es instaurar su resonancia en el discurso compartido.”[6]

 

LAS CARTOGRAFIAS

Me preguntaba, no sin ansiedad, ¿Será que me estoy apartando de la ortodoxia Rogeriana? , ¿Será que mi práctica se aleja cada vez más de la filosofía Rogeriana de las relaciones humanas de la que creo haber sido un seguidor? ¿Estaré volando demasiado, sin atender a mis raíces?

Afortunadamente la relectura de las condiciones necesarias y suficientes para la concreción de una relación que crece, me permitió tomar contacto nuevamente con la primera de ellas (¡El maestro ya lo había sugerido en forma preliminar!)  :

CONTACTO: “Cuando dos personas están una en presencia de otra y cada una de ellas afecta el campo experiencial de la otra de un modo percibido o subliminal.”[7]

Entonces, llega el paciente, yo lo recibo, de diferentes maneras. Voy a tomar una para poder seguir el hilo de lo que quiero decir. Lo recibo, sensaciones, curiosidades, se sienta, me siento, nos miramos, todo es parte de este momento inaugural. Mi equipaje y el de él. Algo hay entre nosotros, mis impresiones, las cosas que me evoca su presencia, no lo escucho en el vacío, lo escucho en silencio cargado de sentidos. Él está ahí abriéndose, también con sus ecos, prejuicios y agarradito al puente que lo trae aquí, que es su dolor, su angustia, su malestar.

Creemos haber llegado como humanidad, a un punto  donde hasta el marco que  ofrece la realidad sensorial está viciado de "información cultural".  La  percepción  ya no distingue, sólo recorta según una intencionalidad  que  los especialistas (quienes detentan el poder, los dueños de la tierra) han decidido. Tanto es así que cuando alguien asiste a  una  consulta  médica  o  psicológica  no  sólo  lo  hace  buscando   un  especialista,  sino que él mismo se presenta como especialista en  algún  dolor, algún padecimiento o algún "desacuerdo interno", sustrayendo su complejidad, su multiplicidad insondable, su riqueza experiencial,  y ofreciéndose como un “objeto de estudio”. Entiendo que esta posición  de especialistas está sostenida en una especie de cartografía, es decir, en un procedimiento que tiende a predefinir el terreno al cual vamos a acceder. Tengo un absoluto respeto por las diversas cartografías, tanto las así llamadas científicas médicas como las otras; me estoy refiriendo, por ejemplo,  a la astrología o a la homeopatía, que son mapas, otros accesos a la descripción del territorio que representa el encuentro con  otro.

Sigo escuchando y me parece que lo que empieza a suceder, a medida que van pasando los encuentros, es como sacar los yuyos, yo lo llamo desmalezar, despejar el camino. En mí es soltar prejuicios, teorías que hablen sobre lo que sucede e interrumpan mi encuentro, tomar todo aquello que sí me ayude a encontrarme y básicamente es, lo que me haga sentir más entera ahí en ese presente. Me doy cuenta en mi cuerpo y en mi voz, en mis gestos cuando esto sucede.

 

Nuestra mirada, como terapeutas rogerianos pretende acercarse a este territorio exento de mapas, lo cual implica algunos riesgos; por ejemplo: perderse en ese territorio, confundirse, "no llegar a ninguna parte".

El acceder a un territorio desde un mapa también implica ciertos riesgos, por ejemplo: el llegar sólo a los lugares que se supone que el mapa describe que uno va a llegar, con lo cual no hay nada nuevo que conocer  sino simplemente constatar que el  territorio repite el mapa. Este es un riesgo. Hay quiénes están dispuestos a correr ese riesgo que es renunciar a descubrirse en el aquí y ahora, inédito de cada encuentro.

Nuestra propuesta es estar dispuestos a correr el riesgo de perdernos y hasta diría "confundirnos”  y advertir que, en rigor, somos parte de ese territorio que se supone vamos a investigar.

El coraje para correr ese riesgo lo da la confianza en que somos parte de una totalidad mayor y en que en cada encuentro, nos entregamos a ese fluir, que tiene su propia dirección, más allá de nuestra capacidad para recortar conceptos y experiencias

Este articulo propone la posibilidad a los que practicamos la psicoterapia en general, y en especial  a  los que pertenecemos al PCA, de situarnos en el “entre”, o mas bien advertir que en realidad, a nuestro entender  no hay otra manifestación posible que  no sea una manifestación del entre. No se trata de una propuesta integrativa (que une partes que están separadas), es más bien advertir el carácter integro de ese acontecimiento.

 

LA RESONANCIA

La mejor manera que encuentro, al menos por ahora, para definir la presencia sensible, vivencial, ineludible y fatal del “entre”: es la  resonancia.

Es difícil para mí encontrar un campo claro de la experiencia en el cual  ubicarla. Decididamente no es puramente racional, pero también lo es; tampoco es puramente emocional, pero también lo es; tampoco es meramente perceptual, pero también lo es.

Puedo describir con un ejemplo de mi trabajo en clínica, en psicoterapia, (desde aquella vez en que dije a un consultante, que me visitaba por primera vez, el nombre de un familiar al que no había mencionado hasta el momento, hasta el intuir que hoy va venir enojado, o de novio, o triste o habiéndole ocurrido una desgracia)

 

Encuentro

Equivoco

¿De quien fue?

A quien pertenece ese error imperdonable

A quien pertenece esa puerta iluminada

¿De quién es?

¿Es un error?. ¿Es una llave?

Hoy para mí es la llave para poder hablar de lo que sucede ENTRE,  y de lo que quiere decir formar parte, ser estando ahí, en el encuentro terapéutico, o en este caso, en el encuentro de supervisión.

Escuchaste mal o yo dije lo que no quería decir, una de dos.

 

Hay otra opción, que es la que intento describir; seguramente ya hay descripciones de esto, pero me sirve intentar poner palabras.

Podemos tratar de develar el misterio de las pertenencias de lo que sucede, buscando no perder la objetividad y la distancia, o también podemos dejar que la luz de ese equívoco, que fue algo que allí sucedió, se trasforme por sí solo en la llave o en la puerta. Si realmente abre, el encuentro llevara a esa respuesta y si no, pasó, como pasan tantas cosas. Sería dejar que lo que está sucediendo ahí, vaya haciéndose presente en su forma única, y tomar posición desde ese lugar. Esa forma única, configurada por quienes ahí están, pero teniendo en cuenta que esos Yoes (?) somos parte, de la totalidad de ese ahí, y somos modificados y modificamos.

Escuchar, estar, es como estar frente a una obra de arte, o mejor dicho como animarse a ser una obra de arte, con otro, entre otros.

Me estoy animando a afirmar que el encuentro terapéutico es así. Como puedo tomar de ejemplo la supervisión de hoy, en donde  también fue así. Al comenzar el encuentro hay un equivoco, Claudio o yo, no se quien, se equivoca al hablar, al nombrar a mi paciente con otro género. Y ese error, que nadie se ocupo de esclarecer, abrió la comprensión, abarcando, ampliando, incluyendo, expandiendo ese encuentro, a otros territorios que no estaban ahí, pero que de alguna manera, si estaban.

Estábamos hablando de otro que no estaba ahí. Hablábamos de mis resonancias del encuentro con una paciente. Cubríamos mi necesidad de pensar con otro ante mi sensación de emergencia. Todo eso estaba sucediendo también. Estaba yo, necesitando supervisar, y estaba Claudio con su disposición y su escucha. Y ahí, entre nosotros se configura una situación que comienza con un fallido, que a lo largo del encuentro fue reapareciendo como una luz que abrió/mostró un camino posible, para comprender, mi necesidad, los ecos de mi paciente (estoy volviendo al pronombre personal), confiando en que esa resonancia llegará hasta mi próximo encuentro con  ella.

Mirar confiando en que hasta la luz o el tecito compartido, son parte de ese encuentro,  de esa obra artística y artesanal, y que también somos parte, formando parte. Entonces el mapa se transforma en otra cosa. Ya no es ver o buscar referencias para un mapa objetivo, no es estar frente a, sino formar parte de. Es ir dejando que el mapa único que ahí formamos, vaya apareciendo, se vaya desplegando, siendo nosotros mismos parte del recorrido y del aparecer.

Es confiar en que cada encuentro tiene su propia dirección, y esa confianza nos da la libertad para facilitar que lo que ahí va sucediendo se despliegue.

Después, vino mi encuentro con mi paciente, y desde que se sentó delante de mí, el eco (mi eco?) de la supervisión ya  estaba entre nosotras, incluso  su planteo, parecía resonar con lo que se había abierto en la supervisión... 

 

Tal vez una metáfora que describe de un modo aproximado esa vivencia es la de una vibración, tal vez otro modo de definirlo sea la captación o el registro de las variaciones de intensidades. Tal vez no haya todavía palabras que nombren esa inefabilidad del acontecer y que solo pueden ser vividas.

   

 

    me río de las redondeces

    del lenguaje,

    al pobre se le cuela

     la vida por entre sus pliegues

     gentiles y gorditos

 

Un transcurrir que me afecta y me transforma de un modo incontrolable, ajeno a una construcción puramente intelectual, donde la certeza como evidencia perceptual y experiencial es una de sus características salientes. Esto no significa una  opinión, un juicio o una verdad objetiva, ni que sea posible cuantificarla matemáticamente. Es tal vez la forma más exquisita del  acto de subjetivación o mejor de transubjetivación[8],  es la evidencia de la empatía en su manifestación más natural.

Se borra una frontera...

Totalidad

Vibración

Estamos ahí juntos, uno en ese instante maravilloso donde lo sagrado sucede.

Es un estar sin explicaciones, incluso la palabra empatía ya pertenece a otro discurso.

Sucede, y después la nombramos: ah! empatía. Esto que sucede tiene un nombre.

Pero el hecho en sí, nada tiene que ver con su nombre. Lo nombramos para poder contar esa maravilla.

Matices...

Sabemos, en algún lugar de nuestro saber, que somos parte de una totalidad mayor, que pertenecemos a un mismo universo y la energía fluye entre nosotros.

Las explicaciones van cambiando a lo largo del tiempo, de nuestro recorrido evolutivo,  de nuestras creencias  e invenciones; pero creo que ese saber previo de la unidad, no cambia. Podemos acompañarlo con el otro saber, con teorías que nombran sabiendo que tal vez, esa explicación cambiará.

Sabemos también que necesitamos marcar territorios, delimitar bordes,  para controlar y sentirnos seguros y esas cuestiones que ya sabemos y también para gozar. Necesito de tu piel y de la mía para sentir este placer de tocarte. Pero al mismo tiempo ese placer borra la frontera de la piel y estamos ahí, siendo esa vibración que no podemos convocar desde las explicaciones.

Creo que el punto es un límite sutil y contundente.

En algún momento dejamos de confiar en ese saber, priorizando absolutamente el otro, el de las explicaciones.

Necesitamos manuales para todo: arreglar autos, criar hijos, bañar el gato, amar a nuestros compañeros de ruta, y también 10 pasos para odiar a quien odiamos sin elevar nuestra presión arterial.

No sabemos, no encontramos en nosotros ese espacio de conocimiento, que creo, es anterior al espacio de las explicaciones. (Ni mejor ni peor) y además, no confiamos en él.

Las personas ven un cuadro original, y una copia, la mayoría sabe sin saber, simplemente por un estado previo a la razón, cual es el original: Vibraron, se emocionaron, captaron, formaron parte de la totalidad entre el cuadro, el artista y uno (por nombrar algunas partes de esa totalidad).

El especialista, descubre esta situación, y desarrolla una teoría.  Y afirma, valida ese saber.

(Tal vez, algunas personas vibraron con la copia, y eso también pertenece a la totalidad )

El especialista está buscando caminos de certeza, elementos de medición, controles.

El estado de empatía, no busca nada. Es estar ahí. Sin estar en lo que será de ese estar ahí.

Después pasa, podemos hablar de lo que sucedió...tratar de entenderlo, de apropiarnos de esa experiencia de distintas maneras,  pintar un cuadro, escribir una poesía, alegrarnos, asustarnos... o nada.

Tal vez, de lo que se trata es de recobrar la confianza en ese saber, que le va dar un matiz al otro saber, los dos son parte de nuestro ser humanos.

Tenemos miedo, y las explicaciones nos cuidan, pero si nos abrimos a sabernos pertenecientes a una totalidad mayor, y a un conocimiento previo y posterior a la razón, tal vez podamos vivir más plenos y vibrantes...

Hay momentos de empatía o de resonancia instantáneos, espontáneos. Suceden sin vínculo previo. Los ejemplos de algunas mamás con sus hijos o tantos otros que conocemos.

Y creo que hay mil matices: también el vínculo va permitiendo, desdibujar ciertas fronteras, animarse a estar ahí más pleno y eso acompaña la aparición de ese estado de resonancia, empezamos a resonar, a vibrar... y captamos lo que sucede, corridos de las explicaciones.

No es simplemente aprendizaje del otro, ah! ya te conozco, porque esa experiencia no tiene que ver con datos. Es estar involucrado, formar parte..

 

Creemos que la escucha profunda, aquella que conmueve y conforta a quien la recibe y a quien la da, es solo posible bajo la forma de la resonancia. Esta es la estética de la escucha. La forma de practicar esta constatación, esta contemplación del acontecer del encuentro con otro.

 

VOLVERSE CAVIDAD

El fenómeno de la resonancia requiere cavidad para acontecer, el desafío en las relaciones de ayuda es cómo volverse cavidad para resonar con la vibración o energía que emite el otro y cómo eso nos posibilita emitir a su vez vibraciones que sin duda resuenan en el otro. Este acontecimiento ocurre en ese espacio al cual definimos mas arriba como el “entre” y transcurre en el campo de la simultaneidad. (no secuencial) Desde el punto de vista de lo organísmico somos cavidad sólo que la cultura va llenándonos hasta hacernos “densos” de modo que perdemos la “levedad” que caracteriza naturalmente nuestra experiencia.

En el prólogo al libro Las enseñanzas de Don Juan, Octavio Paz, nos dice magistralmente “Eso es lo que llama don Juan: parar el mundo, suspender nuestros juicios y opiniones sobre la realidad:   Acabar con el  "esto" y  el  "aquello",  el  si y el  no,  alcanzar ese estado dichoso de imparcialidad contemplativa a que han aspirado todos los sabios.  La otra realidad  no  es  prodigiosa: es.  El  mundo  de todos los días es el mundo de todos los días: ;que prodigio! ... Vuelta a sí mismo, no al que fue ni al pasado: al ahora. Recuperación de la visión directa del mundo, ese instante de inmovilidad en que todo parece detenerse, suspendido en una pausa del tiempo.

Inmovilidad que sin embargo transcurre -imposibilidad lógica- pero realidad  irrefutable para los sentidos.  Maduración invisible del instante que germina,  florece,  se desvanece, brota de nuevo. El ahora: antes de la separación, antes de falso-o-verdadero, real-o-ilusorio, bonito-o-feo, bueno-o-malo. Todos vimos alguna vez el mundo con esa mirada anterior pero hemos perdido el secreto.  Perdimos el poder que une al que mira con aquello que mira

Recuperar ese poder es advertir el indisoluble poder que reside en el juego de resonancias que une al que mira con lo mirado, al que escucha con lo escuchado, al que experimenta con lo experimentado.

 

SOMOS TUBOS

De entrecasa he formulado la  Teoría de la persona como tubo  y más allá de las consideraciones biológicas que efectivamente refuerzan la idea de que el individuo humano esta básicamente constituido por órganos huecos, y que nuestro intercambio con el medio ambiente tiene ese carácter, y también más allá de las consideraciones místicas del hombre como un canal de la sabiduría divina, me refiero a la persona desde la perspectiva de su experiencia. Somos permanentemente sujetos de informaciones que llegan del entorno (por algún “orificio de entrada”) y son parte de nuestra experiencia, y nos despiertan emociones, sentimientos y sensaciones, en una especie de intercambio entre ese estimulo y la “pared del tubo que somos”  y que luego tienden a salir por algún “orificio de salida” como un flujo constante al que me animaría a llamar vida. Algún habito cultural o característica de la especie, nos induce a hacer acopio, retener, poseer, apropiarse de tal modo que por un artificio de técnica conseguimos obstruir el orificio de salida y de este modo acumulamos: riquezas, tristezas, desgracias, automóviles, recuerdos, alegrías; información; una especie de álbum que va entorpeciendo el libre fluir de nuestra experiencia al punto de confundir nuestra identidad con ese álbum, una ilusión de sustancia que va enrareciendo el ámbito de resonancia al punto de volverla opaca y seca. Al par nos crea la ilusión  de ser en sí mismo, como aislado del cosmos, uno al lado del otro pero separados por un abismo graciosamente titulado : individualidad.

“...Un cuerpo sin entrenar es como un instrumento musical desafinado, donde la caja de resonancias está llena de una algarabía  confusa y desagradable, de sonidos inútiles que impiden escuchar la autentica melodía. Cuando el instrumento del actor, su cuerpo, se afina mediante ejercicios, las tensiones y costumbres desaparecen, entonces está preparado para abrirse a las posibilidades ilimitadas del vacío.  Pero ha de pagar un precio: frente a ese vacío desconocido hay, naturalmente, miedo. Aunque tenga  una larga experiencia como actor, cada vez que uno empieza de nuevo, cuando se encuentra al borde de la alfombra, reaparece ese miedo al vacío en el espacio. Enseguida trata de llenarlo para disipar el miedo, para tener algo que decir o hacer. Se necesita una autentica confianza para quedarse sentado inmóvil o guardar silencio. Una gran parte de nuestras manifestaciones  excesivas e innecesarias son el resultado del terror a no seguir estando ahí si no demostramos de alguna manera  que existimos todo el tiempo. “[9]

Creemos que hay un continuo de energía que fluye como un río turbulento sin una organización previsible, y que adquiere cierto nivel de organización estable como los remolinos de ese río al que la física denomina atractores y  que adquieren la apariencia de diferenciarse del continuo, pero que sólo marca una estabilidad transitoria. Es a esta apariencia a la que le damos el nombre de persona.

Siguiendo con este recorrido: cómo entender la relación entre personas?

Si fuéramos álbumes es probable que no hubiera espacio para la resonancia, para la mutua implicación, para un genuino intercambio, para una mutua transformación ni para el reconocimiento de este común denominador al que pertenecemos. Y que nos permite resonar con el otro desde un campo distinto de la individualidad, del raciocinio o del “esfuerzo comprensivo” se trata de ponernos a disposición de devenir vacío, de volvernos cavidad resonante, tubo, y permitir ese libre fluir de lo que nos toca y transforma.

Pienso en esto

Tubos

 

Algo circula ahí

Flujo de la vida

Pero ese tubo, modifica

Transforma

Cuando el aire pasa por un tubo, emite un sonido

No es el mismo sonido el de una caña, el de un metal, flautas dulces y traversas,

Silbato , sicus, trompetas.

Pero cada sonido con su matiz aporta su dulzura o su agudeza,

El punto es no retener, dejar salir, no controlar

Si tapo orificios, no hay sonido, si no hay espacios...los sonidos son cortos, secos, no latientes

Para resonar es necesario un espacio vacío (útero fértil)

La caja de la guitarra, deja que la vibración de las cuerdas la invada, la endulce (la preñe) y por su boca generosa, devuelve esa vibración, amplificada, transformada.

En el encuentro entre personas, cómo es, cuál es el hueco; tal vez se trate de la actitud con la que estamos ahí, silencio hueco de la conciencia, espacio para resonar, pero ese espacio no está "vacío" o mejor dicho, ese vacío está configurado desde alguna densidad energética (madera, caños, metal),(vacío no es la nada) que va a mezclarse con el sonido de ese otro ser que se abre ahí.

No se puede evitar la mezcla y la transformación, alquimia inevitable de la humanidad.

 

CIENCIA, VACIO Y RESONANCIAS

Notablemente son la física y la biología contemporáneas las que vienen a dar un soporte “científico” a algunas de las afirmaciones que intentamos desarrollar a lo largo de este artículo: 

David Bhom, un prestigioso físico de nuestro tiempo, afirma en una conferencia dictada en el congreso de Místicos y Científicos en 1983: “

Ese quantum infinito de energía que opera en el vacío al que se conoce como energía de punto cero cuyo caudal en un centímetro cúbico de vacío equivale a toda la energía de la materialidad que hay en el universo”[10]

Rupert Shaldrake un biólogo “espiritual” ha creado y desarrollado vastas experiencias en torno a un concepto revolucionario en Biología la Resonancia mórfica: cualquier habilidad conseguida arduamente por una rata de laboratorio en Inglaterra, repercutía misteriosamente en animales de la misma especie en Australia: el tiempo de aprendizaje de las segundas se reducía considerablemente comparada con las primeras, como si el conocimiento pudiera transmitirse espontánea y naturalmente de unas a otras sin mediar contacto físico. El mismo fenómeno era observable entre los humanos. Resultaba asombroso que un mismo descubrimiento, científico o tecnológico, pudiera ser realizado simultáneamente por dos o tres personas en diferentes lugares del mundo. ¿Cómo se transmitía esa información y de dónde surgía? En su primer y polémico libro Una nueva ciencia de la vida, Sheldrake rompió lanzas con la concepción causal y mecanicista de la biología. La mayor parte de los constituyentes atómicos de un organismo humano - el 98% - se renuevan en un año. La capa que recubre el interior del estómago se renueva cada semana, el hígado se regenera cada seis semanas.  Una célula que muere no tiene capacidad de transferir el conocimiento de sus funciones a una nueva. La célula reciente actúa como ejecutora y traductora de un programa no material que organiza sus funciones de acuerdo con el patrón de la anterior. No es novedad la existencia de campos de fuerza inmateriales, como los magnéticos, gravitatorios o de cohesión atómica. Para Sheldrake estos campos ordenan coherentemente la energía en patrones de forma. Los campos mórficos organizan átomos, moléculas y organismos biológicos. La información no es almacenada físicamente en las células, sino que actúa a través de ellas, y se expresa desde una dimensión no material. Los neurofisiólogos que intentan encontrar una explicación al milagro de la percepción visual, han manifestado que la red neuronal actúa como un decodificador de señales, como un televisor. Pero no pueden responder a la pregunta: ¿quién mira la pantalla interna?

A esto es a lo que nosotros  preferimos llamar  tendencia transformativa, rebautizando la tendencia actualizante o la tendencia formativa, con el propósito de evitar la posición teleológica o finalista que pudiera inferirse en el concepto de Rogers.

“Esta experiencia se expresa en la magia, en  la  religión y en la poesía pero no sólo en ellas: desde el paleolítico hasta  nuestros  días es parte central de la vida de hombres y  mujeres. Es  una  experiencia constitutiva del hombre, como el trabajo y el lenguaje. Abarca  del juego infantil al encuentro erótico y del saberse solo en el mundo a  sentirse  parte  del  mundo. Es un desprendimiento  del  yo  que  somos (o  creemos  ser) hacia el otro que también somos y que siempre es  distinto  que nosotros. Desprendimiento,  aparición: experiencia de la extrañeza que es ser hombres "[11].

¿Que buscamos con este escrito?  RESONANCIA, recuperar el poder que une, que se sitúa en el “entre”. Tal vez “reflejar", en el sentido rogeriano, sea nombrar esa resonancia, darle a ese acontecer una manifestación posible. De este modo la resonancia se constituye en el ámbito natural donde se despliegan al unísono, lo que Rogers llamó las actitudes básicas. Que serían desde este punto de vista, las distintas maneras de presentarse de la resonancia. Colocarse en disposición para resonar, es colocarse al servicio de la tendencia transformativa, es ser parte de ese acontecer resonante que es el mundo humano. Para lo cual no hay que hacer ningún esfuerzo solo estar presente sin pretender, sin intoxicarse de abuso, simple y rigurosamente sentirse parte de lo que hay.

Para nosotros  es decisivo trasmitir que lo importante de esta reconceptualización del fenómeno de lo  terapéutico  es mutua implicación,  “Y tal vez sea esto lo que entendemos es la terapia, ni más ni menos que "asistencia" (no en el sentido de un alguien que "asiste a") sino en tanto estar presente, presenciando, haciendo presente, regalándonos; se trata de un acto de presencia en un acontecimiento que se revela en ese mismo acto, y que discurre estallando al infinito. Finalmente, tal vez, persona sea la caja de resonancia de ese estallido, la incitación al acontecer.” [12]

 

 EL PODER QUE DESUNE/EL PODER QUE UNE

Deseamos que este articulo pueda ser leído, captando que la poeticidad de la que hablamos implica un cambio de posición fundamental respecto al suceso terapéutico y del ejercicio del poder. No se trata de una donación de uno a otro, sino mutua implicación, es una forma de disolución del concepto del si mismo, borramiento del si mismo, intentando colocar todos los “datos del si mismo” en la bolsa que tiene en su mano “El terapeuta” de Magritte. Sin duda estamos formados con esa estructura de pensamiento de la modernidad, donde el individuo esta conceptualmente divorciado de su entorno, el sujeto divorciado del objeto. Esta cultura produce a partir de esta división una sutil forma de ejercer el poder, un poder que desune toda vez que el sujeto abusa del objeto por definición, y por el sutil modo en que el otro (paciente) se transforma y se ofrece como objeto de la terapia.

 

La relación terapéutica, versión 1: La relación entre una persona que busca cierta ayuda y otra que se dispone a brindarla. Alguien da algo que otro no tiene. Yo tengo la ayuda, vos la necesidad de ser ayudado. Yo sé, vos no. Vos tenés el problema, la pregunta, el dolor. Yo tengo la solución, la respuesta, el remedio. Te lo doy, te sentís mejor, me pagás, me siento mejor, te ayudé, te di.

 

La relación terapéutica... otra versión posible: una persona siente que no puede sola, busca cierta ayuda, busca que alguien la ayude. Otra persona se dispone a ayudar, a entregarse a una relación de ayuda. Considera que la ayuda está, le pertenece a ese ser que viene en su búsqueda, pensando que otro la tiene. La relación de ayuda, acompaña la transformación de buscar en un afuera (no afuera de sí mismo, si no también afuera de la relación) lo que esta  ahí, a reconocerlo, habitarlo...

 

Una relación se torna transformadora (creo que me gusta más este término que ayuda) cuando lo que allí sucede, lo que allí hay, es habitado. Es en ese sentido en el que creo poderosa una relación. Yo no te doy algo que tengo y vos no, descubrimos lo que sí tenés, que aparece en la relación, cuando las amenazas son sorteadas, las máscaras despejadas, las diferenciaciones  que se apoderan de nuestro ser, puestas  a bailar entre nosotros.

(Me gustaría adquirir un lenguaje más serio. Más profesional. Pero me sale este, juguetón, que cosa, esta chica no crece más.)

Hoy una paciente me decía que le parecía que yo buscaba todo el tiempo analizar, ver lo que hay detrás. Me sorprendió, porque yo no registro así mi tarea y  me hizo cuestionarme, preguntarme sobre mi relación con ella. Ahí, en ese encuentro, me dijo que ella pensaba que yo buscaba todo el tiempo eso, vimos como esa búsqueda en realidad estaba entre nosotras, porque de hecho, mi intención no era esa, y sin embargo estaba sucediendo. Me tienta decir, desde alguna teoría aprendida y valorada,  que en realidad, ella proyectaba en mi su búsqueda pero también es cierto que estabamos ahí, juntas buscando. No se bien que quiero decir, ni a donde voy...

Creo que hay una idea de qué hace un psicólogo, que en un momento de la relación, es un velo entre los dos. Cuando ese velo comienza a caer (en los dos) la relación se hace más rica, creativa y enriquecedora.

Es horizontal, cuando me permito yo soltar mis prejuicios, lo que espero de mí, y entregarme a ese encuentro. Me limito, cuando es más intenso mi pensamiento de la responsabilidad que tengo yo sobre el otro, que la aceptación de su recorrido. Con ese disfraz, entra mi poder sobre el otro, y el cuadro que pintamos juntos es de sometimiento velado. Cuando intento manipular, en función de un saber, en lugar de acompañar, realmente.

 Otra persona con la que trabajo (me gusta más nombrar así a mis pacientes) me dijo el otro día que ella creía que un psicólogo era alguien que veía algo que uno no ve de sí mismo, y te señalaba cual era el camino, de manera indirecta, mostrándotelo, y que la distinto que ella sentía conmigo era que las dos íbamos recorriendo el camino, caminándolo juntas. Otra vez siento que no sé a donde voy con estas palabras, se desdibuja lo que trato de mostrar, como si escribiera en arena y el viento viniera detrás a borrar lo escrito... Tal vez esta sensación, es parte de lo que quiero marcar con mis palabras. Realmente cuando me entrego a la relación, el único mapa es la confianza en que cada encuentro tiene su propia dirección. Encuentros en la arena, que dejan huellas únicas. La confianza es el sustento fundamental para este tipo de relación, la confianza en lo que hay, en lo que sucede como despliegue de la humanidad  que somos.

Suena un tanto ideal, pero no lo es.  En esa confianza hay lugar para que aparezcan todos los fantasmas.

Frases sueltas:

Lo poderoso está en la relación.

Relaciones poderosas, potentes, transformadoras

Por supuesto, en una relación de este tipo recupero mi potencia como terapeuta/persona/vivi. La relación también facilita que mi potencial se abra...

Me resuena Rogers diciendo,(más o menos esto)...cuando más abierto estoy a la experiencia... menos quiero arreglar las cosas...(Bueno, a veces mi estar abierta a la experiencia es también querer que el otro no sufra tanto y propiciar un relación de este tipo es mi querer arreglar algunas cosas, pero confiando también en que lo que está sucediendo, aún el sufrimiento está siendo ...es un movimiento...y el hecho de no poner resistencia a lo vivo, a lo que está en movimiento, alivia el sufrimiento, transformándolo en dolor...que seguirá su recorrido...)

 

Estamos tratando de pensar este cambio de posicion respecto al suceso terapeutico desde otra “sintaxis”, desde una manera de acercarnos a ese acontecimiento sin considerar la lógica lineal de los procesos, considerarlo un evento eterno (no porque dure toda la vida, sino porque dura todo el tiempo) un acto sagrado, donde lo que sucede está regido por la lógica de la intensidad.

“Un hombre mirando fijamente sus ecuaciones dijo que el universo tuvo un comienzo. Hubo una explosión, dijo. Un estallido de estallidos, y el universo nació. Y se expande, dijo. Había incluso calculado la duración de su vida: diez mil millones de revoluciones de la Tierra alrededor del Sol. El mundo entero aclamó; hallaron que sus cálculos eran ciencia. Ninguno pensó que al proponer que el universo comenzó, el hombre había meramente reflejado la sintaxis de su lengua madre; una sintaxis que exige comienzos, como el nacimiento, y desarrollos, como la maduración, y finales, como la muerte, en tanto declaraciones de hechos. El universo comenzó, y está envejeciendo, el hombre nos aseguró, y morirá, como mueren todas las cosas, como él mismo murió luego de confirmar matemáticamente la sintaxis de su lengua madre.

LA OTRA SINTAXIS

¿El universo, realmente comenzó?

 ¿Es verdadera la teoría del Gran Estallido?

 Éstas no son preguntas, aunque suenen como si lo

 fueran.

 ¿Es la sintaxis que requiere comienzos, desarrollos

 y finales en tanto declaraciones de hechos, la única sintaxis que existe? Ésa es la verdadera pregunta.

Hay otras sintaxis.

Hay una, por ejemplo, que exige que variedades de intensidad sean tomadas como hechos. En esa sintaxis, nada comienza y nada termina; por lo tanto, el nacimiento no es un suceso claro y definido, sino un tipo específico de intensidad, y asimismo la maduración, y asimismo la muerte. Un hombre de esa sintaxis, mirando sus ecuaciones, halla que ha calculado suficientes variedades de intensidad para decir con autoridad que el universo nunca comenzó y nunca terminará, pero que ha atravesado, atraviesa, y atravesará infinitas fluctuaciones de intensidad. Ese hombre bien podría concluir que el universo mismo es la carroza de la intensidad y que uno puede abordarla para viajar a través de cambios sin fin. Concluirá todo ello y mucho más, acaso sin nunca darse cuenta de que está meramente confirmando la sintaxis de su lengua madre”.[13]

  

Creemos que uno de los puntos salientes para abordar esta cuestión es revisar la noción de poder y con esto dar cuenta de  las dos actitudes básicas que constituyen al mundo. Para darnos la posibilidad de mirar al mundo cotidiano desde esa otra sintaxis, admitir las incertidumbres que sobre el origen, sentido y fundamentación del hombre, de la vida y del conocimiento plantean la naturaleza incierta  y aporética del nuevo Cosmos, y ser capaces de establecer un diálogo continuo con lo empírico, lo irracionalizable, la incertidumbre y el misterio.

Sin duda aquello que se manifiesta como realidad posee lo que, en principio y provisoriamente, llamaría  “gradientes de poder “. Es decir que cada suceso presenta diversos componentes con distintas manifestaciones de su poder. En la contemplación de un paisaje se manifiesta mi poder de contemplación, el poder del paisaje y los distintos poderes de cada uno de sus componentes: el poder de la montaña, el poder del río, el poder de sol, el poder de los diversos vegetales y  animales que pudieran poblar ese acontecer.

El poder al que aludo, en términos generales, es la capacidad de manifestarse de cada uno de los elementos.

Ahora bien, cada elemento constitutivo de la realidad ejerce esta capacidad, en lo que esto le sea posible,  es decir utilizando los recursos  que le son propios. El hombre como especie nace sin los recursos que poseen otras especies, pero en él surge el recurso de  la racionalidad y la capacidad de simbolización, esto es lo que le permite al hombre afirmar su presencia, realizarse (hacerse real), manifestarse. Es entonces,  la producción cultural y la construcción de la civilización,  el procedimiento por el cual realiza su auto conservación. Pero resulta que con el ejercicio de ese poder el hombre, a través de la cultura, crea mitos que le asignan un lugar dominante respecto de los otros ingredientes que constituyen su realidad. Y es a partir de ello que se instaura el abuso de poder.

El abuso de poder lo entiendo como la acción de impedir o interferir en la manifestación de lo diferente.  Esto no solo se ejerce como una violencia manifiesta que en todo caso es menos lesiva, que aquella que se ejerce " en el nombre del amor". Estamos habituados a  asistir a esa sutil manifestación del abuso en la famosa y triste frase:  lo hago por tu bien.

El ejemplo que patentiza este ejercicio y su implicación con los dualismos es el que cita Deleuze en otro fragmento de su libro, y en el que esta contenida una síntesis del lugar desde donde propongo abordar nuestro oficio.

“Los dualismos no se basan en unidades, se basan en elecciones sucesivas: ¿eres blanco o negro, hombre o mujer, rico o pobre, etc.? ¿Coges la mitad derecha o la mitad izquierda? . Siempre hay una maquina binaria que preside la distribución de los papeles, y que hace que todas las respuestas deban pasar por preguntas prefabricadas, puesto que las preguntas ya están calculadas de antemano en función de las posibles respuestas a tenor delas significaciones dominantes. Así es como se constituye un patrón  tal que todo lo que no pase por el no puede materialmente ser oído... Uno esta forzosamente atrapado, poseído, o más bien desposeído. Igual que el celebre truco de cartas llamado elección forzosa.  Si queréis obligar a alguien a coger, por ejemplo, el rey de corazones, no tenéis mas que decirle ¿qué prefieres, los rojos o los negros? Si responde los rojos, retiráis los negros de la mesa; si responde negros también los retiráis. Luego no tenéis mas que continuar: ¿ que prefieres, los corazones o los rombos?, hasta llegar a: ¿qué prefieres , el rey o la dama de corazones? Así es como procede la maquina binaria, aun cuando el entrevistador tiene buena voluntad. Y es que la maquina nos rebasa y sirve a otros fines.”

Pero hay alternativas, la de encontrar “multiplicidades que desborden las máquinas binarias y que no se dejen dicotomizar”, “líneas de fuga, devenires, devenires sin futuro ni pasado, sin memoria, que resisten a la maquina binaria: devenir-mujer que no es ni hombre ni mujer, devenir-animal  que no es ni animal ni hombre”. La psicoterapia, desde este acercamiento es sumergirse en el ámbito de la resonancia, es encontrar la línea de fuga que nos sitúa en el entre, eludiendo la propuesta de la cultura de occidente que nos aprisiona en  el dispositivo de su máquina binaria y de abuso de poder.

 

PROPUESTAS

 

De modo que frente a las inevitables preguntas que se nos formulan como terapeutas del acercamiento centrado en la persona: si se esta centrado en atender si mismo o al consultante,  ¿ Estaré experimentado  la consideración positiva incondicional hacia el otro?, ¿Seré empático o no seré empático? ¿Estaré siendo congruente o no?. ¿Este  reflejo será o no será adecuado y correcto?.

Nuestra propuesta es, aunque resulte más rigurosa, más incontrolable, más inasible, haciéndole un lugar a la otra sintaxis, a la aventura de internarnos en la realidad sin mapas es:  

Devenir-terapeuta que no es ni terapeuta ni cliente.

Devenir-ayudante que no es ni ayudador ni ayudado.

Hacerle un lugar a la multiplicidad que somos.

Ser capaces de asistir al “entre”, que hace estallar las diferencias sin que estas dejen de serlo.

Asistir a la “poeticidad del mundo” desde las variaciones de intensidades

Estar en relación estrecha con la resonancia, ni consigo mismo ni con el otro.

Conmoverse

Abrir las puertitas de la percepción, hacerle lugar al sexto, al séptimo, a todos los sentidos, más allá de los que nos ha sido permitido conocer.

Poder con-fundirse sin fundirse. 

Advertir  este fenómeno y confiar en él:  La fuerza de la tendencia  transformativa. 

Dejarse ser.

Dejar de ser,

 ir siendo y

constatar ese universo que se da en la estética de la transformación, que las “actitudes básicas” vienen por añadidura.

                                     

 

CLAUDIO Y VIVI

Octubre de 2000


 

[1] CLAUDIO RUD. Autogeografía. 1998

[2] QUINN. Ismael y la Salvación de la tierra.

[3] G. DELEUZE Y OTROS Diálogos.   Pág. 8.  Ed. Pretextos

[4] CLAUDIO RUD. El camino de la indiferencia .1989

[5] KOSTAS AXELOS . La poeticidad del mundo. Conferencia dictada en La Capilla, el 29 de Abril del 86

[6] CLAUDIO RUD. La función de la metáfora.1980

[7] KIRSCHENBAUM &HENDERSON. The Carl Rogers reader. Pág. 221

[8] Se trata de un concepto que hemos acuñado para intentar definir el acto configurante de esa realidad  que no se constituye ni como subjetiva ni como objetiva,  sino que trasciende una vez mas este dualismo.

[9] Peter Brook. La puerta abierta, pag. 31

[10] DAVID BHOM..El espiritu de la  ciencia. Pag.70

[11]  Octavio Paz Prologo a “las enseñanzas de Don Juan”

[12] De Nincola , Rud -  “Dale que” 1987

[13] CARLOS CASTANEDA.El lado activo del infinito.

  

 

 

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