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EL ELOGIO DE LA PALABRA



EL ELOGIO DE LA PALABRA
de su integridad , de su magia
y de su poder transformador

Lic. Viviana Rey

X Encuentro Argentino del Enfoque Centrado en la Persona-
Gral. Pico- La Pampa
-2003
 

...más que tomar la palabra, habría preferido verme envuelto por ella y transportado más allá de todo posible inicio. Me habría gustado darme cuenta de que en el momento de ponerme a hablar ya me precedía una voz sin nombre desde hacia mucho tiempo: me habría bastado entonces encadenar, proseguir la frase, introducirme sin ser advertido en sus intersticios, como si ella me hubiera hecho señas quedándose, un momento, interrumpida. No habría habido por tanto inicio, y en lugar de ser aquel de quien procede el discurso, yo sería más bien una pequeña laguna en el azar de su desarrollo, el punto de su posible desaparición.

Me habría gustado que hubiese detrás de mi con la palabra tomada hace tiempo, repitiendo de antemano todo cuanto voy a decir, una voz que hablase así: “hay que continuar, no puedo continuar, hay que decir palabras mientras las haya, hay que decirlas hasta que me encuentren, hasta el momento en que me digan – extraña pena, extraña falta-hay que continuar, quizás está ya hecho, quizás ya me han dicho, quizás me han llevado hasta el umbral de mi historia, ante la puerta que se abre ante mi historia: me extrañaría si se abriera”...

 

Michael Foucault

El Orden del Discurso

  

A

Merleau Ponty,

 con  amor 

 

Quiero compartir lo que me apasiona y me transforma, esa es la intención de estas palabras. Estas palabras que me modelan, me moldean cada vez que me permito habitarlas y dejarme transformar.

 

Quiero compartir con entusiasmo, lo que vamos transitando con mis compañeros de búsquedas, en Casabierta; y  mi intento es ponerle palabras a un texto que es común,  en donde los ecos de todos están implicados. Lo que escribo no me pertenece, no soy su autora; la  experiencia me dice que escribo, que me dejo llevar por las palabras, que ya vienen latiendo en una totalidad mayor, mas allá de los pronombres personales. O como las bellísimas palabras de Foucault, en su discurso inaugural en el College de France. Tengo la certeza de estar entrando por ese intersticio que el nombra, en esa pausa del discurso que me envuelve.

 

Estoy rodeada de libros, autores, presencias que me acompañan. Tengo una serie de ingredientes a mi alrededor; me encuentro en mi mesa  con filósofos, artistas y poetas que en su enamoramiento por lo que hacen y por lo que les pasa, intentaron describir de que se trata ser humanos. Humanos pensadores, de pensamiento vivo, curiosos, arriesgados a decir y dejar que su pensamiento se transforme al desplegarse, aportando sus bellas descripciones de la experiencia humana. También me encuentro a los artistas plásticos que desde su lugar conciben una idea de hombre y de cómo estamos  implicados en este universo total. Comencé maravillándome con el impresionismo de Cezzane,  a través de Merleau Ponty,  y ahora me encuentro mirando  algunos pintores llamados surrealistas, como Edgar Ende . Ellos parten de la idea de que hay una unidad, más allá de la forma. Pintan ese territorio, donde la individualidad estalla, donde el concepto, como un compartimiento estanco que objetiva la realidad,  no tiene lugar, porque no lo tiene en su aparecer ante nosotros. Los pintores nos muestran las conexiones que entretejen la realidad, lo que está unido en esa trama invisible. Uniendo el cuadro a los bordes de mi percepción, expandiendo las fronteras de lo que creo es mi  yo.

 

Y por supuesto Rogers, que todo el tiempo me da impulso diciéndome: hay más, hay mucho más por decir, lo que yo dije es el comienzo de nombrar, con las palabras de mi época, la potencia de lo humano, más allá de cualquier frontera, de la del Yo, de la de los mapas, de la de la Física, de las épocas y de palabras....ahí es donde me invita a zambullirme en las aguas de la relación.

 

Todo lo que aquí comparto, esta tomado de la experiencia, del trabajo como terapeuta, desde la mirada de la resonancia, que creo que es el territorio donde la potencia del encuentro entre personas se hace visible. Y quiero detenerme especialmente en la idea de la mutua implicación, ya que me parece que es central  para el modo en que trabajamos en psicoterapia.  Es una toma de posición que nos ubica también dentro de un modo  de entender el poder dentro de una relación tan particular como es la relación terapéutica o relación de ayuda. Y quiero compartir, los aportes que la obra de Merleau Ponty, ha hecho a mi posibilidad de comprender y ahondar en la descripción de esta experiencia. Su obra, su pensamiento, su acento, han enriquecido mi manera de percibir, y de nombrar.

 

En la  posibilidad de estar con otros de forma genuina, está la semilla de la transformación. También puedo decir que llegar a habitar nuestra posibilidad de ser genuinos, ya es la transformación en acción...

Esa es mi creencia, mi pilar, desde ahí, voy al encuentro...

Palabras Urgentes

 

Estamos viviendo tiempos de profunda transformación. Escribo estas palabras y creo que esta es la historia de la humanidad, la transformación constante. Y en este tiempo, tiene el matiz de la deshumanización, del hambre sin sentido, de la atrocidad de una guerra despiadada. No puedo dejar de nombrar esto, no me resulta indiferente, y  este contexto, es parte del  texto, de la necesidad de nombrar, de la urgencia de ponerle palabras a tanta impotencia; la urgencia de recuperar la palabra, la palabra potente, creadora, libre,  que pueda transformar...

 

Estamos viviendo tiempos de profunda transformación, esa es la condición humana. Estamos hablando desde distintas disciplinas, del nuevo paradigma de la ciencia, de un universo vivo, de la superación de los dualismos, y de todo lo que aparece con este modo nuevo de mirar el mundo. Cada acontecimiento, cada uno de nosotros, está mutuamente implicado y constituido con el universo entero. Cuando nos comenzamos a ubicar dentro de un nuevo paradigma lo hacemos porque, en nuestro trabajo (y en nuestra vida), vivimos situaciones que nos llevan a cuestionarnos, repensar y construir la teoría nacida de la experiencia. Podríamos decir que es experiencia que deviene palabra en el intento de compartir y conocer y seguir explorando.

 

Cuando me ubico dentro del marco teórico del Acercamiento Centrado en la Persona, tengo en cuenta ante todo, la  mirada acerca del hombre que este marco me ofrece; nos considero como  seres que tendemos a  desplegar nuestra existencia en  múltiples planos, con capacidad de autoconocimiento y autorregulación; dentro de estas potencialidades, está la libertad, la tendencia a desarrollarnos  hacia nuestra  libertad (que no tiene que ver con el ego y el concepto de libertad individual, que nos muestra la mirada capitalista del mundo). Esta tendencia se despliega fatalmente, inevitablemente (es la intención de la vida misma, el impulso de nuestra concepción); considero que somos seres abiertos, mutuamente constituidos con el mundo que habitamos, lo que hace que seamos complejos, cambiantes, vulnerables e increíblemente ricos en posibilidades. Creo también que el contacto humano, el estar en relación, además de constituirnos, es lo que produce las posibilidades de transformación, o sea, tal cual como dice Rogers, el CONTACTO, es la primera condición. Tenemos un poder maravilloso que  es el de facilitarnos los unos a los otros el despliegue de nuestra humanidad. El ambiente facilitador que tanto nombramos, requiere la presencia de otro ser humano, aunque sea desde el silencio más sagrado. La humanidad invitadora y convocante de  la humanidad.

 

Este modo nos ubica frente a una verdadera revolución silenciosa, si como terapeutas nos atrevemos a crear comprometidamente, atravesando las dificultades que el aprendido oficio nos pone, un espacio donde no repitamos la lógica de la dominación. ¿Cómo concebir una psicoterapia en donde no se repitan el abuso y la deshumanización que se multiplican en nuestra sociedad y en nuestra vida cotidiana?.

 

Y siento la urgencia de poder habitar, y hacerle lugar a la palabra genuina y liberadora,

que en el encuentro humano, nombra sin violentar, aclara sin someter, se diferencia sin repudiar, se hermana sin borrar la diversidad, y abre la esperanza de poder seguir creando y habitando este nuestro mundo.

 

 “Tenemos, por consiguiente, todos los motivos para dudar de la supervivencia de nuestra cultura...Pero mi jardín me enseña de forma constante una lección: los restos oscuros y podridos de la planta de este año serán el abono del que surgirán los brotes del año siguiente...De la misma forma creo que es posible  vislumbrar  en nuestra cultura en decadencia la silueta de una nueva yema, de una nueva revolución, de una cultura radicalmente diferente.

Me parece que esta revuelta no se producirá  por la acción de un movimiento organizado y de grandes proporciones o por la de un ejercito armado que empuña banderas, ni tampoco por el efecto de manifiestos o declaraciones, sino por la aparición de un nuevo tipo de persona, que brotara de las hojas y los tallos agonizantes, amarillentos y podridos de nuestras evanescentes instituciones...”

 

     Carl Rogers

 
Camino a la Palabra

 

Cuando comienza la sesión, me encuentro frente a otro, me dispongo a escucharlo, y sucede entre nosotros un intercambio. Lo escucho, le hago lugar,  escucho su narración, y no me refiero solo al texto discursivo, sino a la corporeidad que es la integridad de lo que muestra. Y dejo que esa narración, me impregne, a veces escuchando silenciosamente y a veces preguntando, desde la curiosidad más genuina, desde el deseo de conocer lo que esa persona quiere mostrarme.

Comienzo a poner palabras, le narro mi versión de su relato, incluyendo lo que a mi me produce el escucharlo, y desde ese lugar, comienza a suceder un estado donde mis impresiones ya no son mías, son impresiones que aportan al despliegue y la transformación que se lleva a cabo ahí, en ese caldero. Como si entre el paciente y el terapeuta, entre el otro y yo, comenzara a suceder una expresión común.

 

“Así como el poeta esta preparado para escuchar el murmullo de las cosas y en su palabra se instaura la resonancia de lo existente, así en psicoterapia, ponerle nombre al murmullo de la coexistencia es instaurar su resonancia en el discurso compartido.”[1]

 

Surge una palabra, que es expresión estética de ese acontecimiento. Ahí, en ese espacio donde la comunicación parece darse desde un centro diferente, comienza a ser difícil la descripción de la experiencia, porque el lenguaje clínico, tal como lo concebimos, no alcanza. Y es ahí donde la obra de  Merleau Ponty me tendió sus recursos, sus descripciones de ese espacio, con lucidez y profundidad.

A través de la palabra, comunico, le comunico al otro mi implicación frente a su presencia, y al mismo tiempo me constituyo en el universo tejido en el encuentro. Es imposible pensar una palabra, en ese territorio del contacto, separada del cuerpo que somos, mi cuerpo recibe las impresiones y desde su percepción se implica.

 

” El sujeto de la sensación no es ni un pensador que nota una cualidad, ni un medio inerte por ella afectado o modificado; es una  potencia que co-nace(co-noce) a un cierto medio de existencia o se sincroniza con el. Las relaciones del sensor y de lo sensible son comparables a las del durmiente y su sueño: el sueño viene cuando cierta actitud voluntaria recibe súbitamente de fuera la información que esperaba. Yo respiraba lenta y profundamente para llamar al sueño, y de pronto se diría que mi  boca comunica con un inmenso pulmón exterior que invoca y contenciona mi aliento, un cierto ritmo respiratorio, querido por mi hace un instante, vuelvese mi ser, y el sueño, deseado hasta entonces como significación se convierte súbitamente en situación. Del mismo modo,  presto yo oídos o miro en la expectativa de una sensación, y de pronto, lo sensible coge mi oído o mi mirada, entrego una parte de mi cuerpo, o incluso todo mi cuerpo, a esta manera de vibrar y llenar el espacio que es el azul o el rojo. Como el sacramento no sólo simboliza bajo unas especias sensibles una operación de la gracia, sino que es además la presencia real de Dios, la hace residir en un fragmento de espacio y la comunica a cuantos comen el pan consagrado si están interiormente preparados. Así mismo lo sensible, no solamente tiene una significación motriz y vital, sino que no es más que cierta manera de ser-del-mundo, que se nos propone desde un punto del espacio, que nuestro cuerpo recoge y asume, si es capaz de hacerlo, y la sensación es literalmente una comunión.”[2]

 

Entonces sucede una palabra,  una palabra que va naciendo a medida que es dicha. No tiene un planteo interior ni  anterior a su expresión, es una palabra,(permítanme la aparente contradicción) antepredicativa,(¿sería muy forzado nombrarla como transpredicativa?)

 

“Se da pues, ya sea en el que escucha o lee, un pensamiento dentro de la palabra, que el intelectualismo no sospecha. Si queremos tener eso en cuenta, tendremos que volver al fenómeno de la palabra, y volver a poner en tela de juicio las descripciones ordinarias que envaran así al pensamiento como a la palabra y no dejan concebir entre ellos más que relaciones exteriores. Hay que reconocer primero que el pensamiento en el sujeto hablante, no es una re-presentación, eso es,  no propone expresamente objetos o relaciones. El orador no piensa antes de hablar, ni siquiera mientras habla. Su discurso es su pensamiento (...) El pensamiento del orador es vacío mientras que habla y cuando alguien lee un texto delante de nosotros, si la expresión es feliz, no tenemos un pensamiento al margen del texto, los vocablos ocupan toda nuestra mente, colman exactamente nuestra expectativa y sentimos la necesidad de la disertación, pero  no seríamos capaces de preverla, y nos sentimos poseídos por ella. El final de la disertación o del texto será el final de un encanto. Será entonces que podrán aparecer los pensamientos sobre la disertación o el texto, antes la disertación era improvisada y el contexto se comprendía, sin un solo pensamiento, el sentido estaba presente en todas partes, pero en ninguna parte propuesto por sí mismo”[3]

 

 

En toda su obra Merleau-Ponty, considera y describe al universo como una unidad viviente. Nos habla de relaciones constitutivas entre conciencia y cuerpo, entre el sujeto encarnado y el mundo, y entre yo y el otro. “Cada una de estas relaciones son auténticas dialécticas que constituyen una estructura circular, ...expresando una cierta dimensionalidad de la existencia”[4]. Esto es central y contundente en el encuentro terapéutico desde la mirada de la resonancia, ya que ese territorio de la mutua implicación es el que se abre en el proceso terapéutico para que la transformación tenga lugar, y la descripción de esa experiencia es la que tratamos de nombrar. La transformación toma lugar en mi, como terapeuta, mi ser terapeuta adquiere su TRANSFORMA siendo ECO, eco del texto que me es presentado, haciendo lugar al despliegue del ser del otro, y este ECO hace lugar a la palabra del texto común. Podemos también decir que entramos en un estado alterado de conciencia, o de conciencia ampliada en la captación de la no dualidad, que como dice Paniker, es unidad y al mismo tiempo  infinita diversidad. Podemos pensar que el centro del encuentro es todo eco que se produzca en la voluntad de comunicación de lo viviente. Y aquí se abre una ventana hacia Karl Jaspers, (me estoy dando cuenta de que lo que quiero compartir es todo lo que la filosofía me aporta en esta búsqueda, espero disculpen mi apasionamiento) , que nos dice cosas como: ”El hombre sólo llega a su propio ser por conducto del otro, jamás por el sólo saber. Llegamos a ser nosotros mismos sólo en la medida en que el otro  llega a ser él mismo, a ser libres en la medida en que el otro llega a serlo”[5]. Para Jaspers la interacción comunicativa es el lugar de la verdad del ser. “ Yo me experimento en la comunicación; que yo soy yo mismo es cosa de la que nunca estoy más seguro que cuando soy  plenamente disponible para el otro, de suerte que yo mismo llego a ser, porque el otro, en el curso de una lucha reveladora también llega a ser sí mismo”.[6]

 

Si busco en la obra de Rogers,  ese intersticio por donde me cuelo, estaría dentro de su libro El camino del Ser, (y más precisamente entre las pags. 71 y 74). Me tomo el atrevimiento de aprovechar el salto cualitativo que da su trabajo, donde nos ofrece con claridad, la descripción de una conciencia individual, que se abre a la experiencia propia y de ahí, desde esa apertura, comienza a vislumbrar y a nombrar los estados alterados de esa misma conciencia, que es la misma y es otra, con otros límites, con otra apertura, con otra percepción y entonces  ya  no puede nombrarse como propia. Apoyándose en las investigaciones de la ciencia moderna, habla de esos estados  en donde las barreras de nuestra conciencia común, o la conciencia bajo el dominio del ego, se desdibujan.

 

La conciencia es la puerta para simbolizar lo que percibimos, la percepción constituye nuestra conciencia; nuestra conciencia delimitada por el ego no suele admitir la no dualidad, ya que su existencia misma (la de la conciencia del ego) se basa en esa misma dualidad. Estoy yo y esta el mundo, estoy yo y está el otro. Y la palabra singular  es la expresión de esa conciencia individual, que se presenta ante mi en el momento de la sesión. También la palabra de quien escucha, del terapeuta o consultor, es expresión de esa singularidad.  Pero la experiencia nos muestra que hay momentos, que tienen una potencia transformativa, o sanadora muy intensa, donde las palabras, que son la expresión estética de ese instante, no vienen de un lugar individual, sino que, tomando las palabras de Merleau-Ponty, co-nacen en esa unidad viviente que es el encuentro .

 

 Decíamos que la  obra de Merleau Ponty, está signada por la superación de los dualismos. Recorre el camino que hace que el universo y nosotros seamos una unidad, de ahí su interés por la percepción, tratando de superar la distancia entro lo objetivo y lo reflexivo. El sujeto, desde la mirada de Merleau Ponty, esta sumergido  desde el principio en aquello que se le ofrece a la percepción. 

"el mundo es inseparable del sujeto pero de un sujeto que no es  nada más que un proyecto de mundo, y el sujeto es inseparable del mundo pero de un mundo que él mismo proyecta"[7]

El mundo existe en mutua constitución con el hombre, y desarrolla una fenomenologia anterior a la dicotomía sujeto objeto, por lo tanto nos lleva a la experiencia de lo antepredicativo, y se ubica recorriendo la intersección entre las experiencias humanas, donde la subjetividad y la intersubjetividad son inseparables.         

Merleau-Ponty  me auxilia, “...el hecho es, que tenemos el poder de comprender, más allá de lo que espontáneamente pensábamos”...La palabra tiene una significación gestual... inmanente en ella misma. Copio textual, escuchen esta maravilla:

 

En la comprensión del otro, el problema es siempre indeterminado, porque solamente la solución del problema, pondrá de manifiesto, retrospectivamente, los datos como convergentes; únicamente el motivo central de una filosofía, una vez comprendido, da a los textos del filosofo el valor de signos adecuados. Se da pues una prosecución del pensamiento del otro, un poder de pensar según el otro, que enriquece nuestros propios pensamientos...necesario es aquí que el sentido de los vocablos venga inducido por las palabras mismas o más exactamente que su significación conceptual se forme por deducción a partir de una significación gestual inmanente en la palabra. Y así como en tierra extranjera, empiezo a comprender una filosofía introduciéndome en la manera de existir de ese pensamiento, reproduciendo el tono, el acento del filósofo. Todo lenguaje se enseña en definitiva a sí mismo e importa su sentido en el espíritu del oyente”.[8]

 

...aquí me tomo una licencia, cuando Merleau-Ponty nos habla de comprender el pensamiento de un filosofo, llevo  esto a la comprensión de un consultante, que me muestra a través de sus palabras, su vida, su sentido; la posibilidad de habitar el acontecimiento empático, nos permite comenzar a vibrar, a dejarnos impresionar por ese discurso, por su ritmo, su tono, su acento, esa es nuestra posibilidad de estar en resonancia;  y entonces, la palabra, el texto que comienza siendo el texto del paciente, la versión narrada de su vida, su obra literaria, comienza a producir un estado de mutua implicación. Ese texto, cuando dice algo, cuando es cuerpo y sentido, me involucra inevitablemente,(importa en mi su sentido) y comienza a suceder un texto común, donde las palabras que puedo incluir o nombrar, forman parte de ese mismo texto, con el matiz de la escucha genuina.

 

“Se da pues, ya sea en el que escucha o en el que lee, ya sea en el que habla o escribe, un pensamiento dentro de la palabra, que el intelectualismo no sospecha”

 

Estoy tomando las citas de Merleau Ponty, de un texto maravilloso, de su Fenomenología de la Percepción, donde deja entrever en sus palabras precisas, el anhelo de lo que después expresa en sus últimas obras (de las que me resulta imposible conseguir versiones en español). Hay conceptos que va a ir dejando de lado, pero en su “acento” nombra lo que aún no nombraba, y me refiero sobre todo a los aportes de Lo visible y lo invisible, donde explora la integración cósmica, trascendiendo la lógica cartesiana en sus descripciones del contacto, y explorando nuevas concepciones del espacio y del tiempo, pronunciándose en una visión unicista del mundo, admitiendo una nueva teoría del conocimiento que incluye necesariamente la superación o trascendencia de la razón, dando lugar al arte y a la poesía como modos genuinos del ser.

 

 

PALABRAS DE TRANSFORMACIÓN

 

 Así como hablamos acerca de una escucha genuina, del valor terapéutico de la escucha en si misma, también podemos hablar de la palabra genuina, nacida de ese territorio de mutua implicación. No es tan importante, cómo se nombra la intervención, como  el lugar desde donde nace la palabra. No importa si es una interpretación, o un reflejo...eso es para después, para lo didáctico y descriptivo; si la palabra como expresión, nace en ese territorio de resonancia, de comunicación genuina, no tiene un autor, es del discurso común y por eso es válida.

Merleau lo nombra como la realidad intersubjetiva de la palabra, vuelvo a citarlo textual:

 

 “...lo que solamente es verdad – y justifica la situación particular que suele hacerse del lenguaje-, es que sola entre todas las operaciones expresivas, la palabra es capaz de sedimentarse y constituir una adquisición intersubjetiva”[9]

 

Aquí la palabra estalla más allá del concepto. La palabra de la mutua implicación. Dentro de este territorio, la palabra como significación gestual, como cuerpo de ese acontecer, es su expresión estética. Y ahí, el pronombre personal, carece de sentido. Tal vez lo que llamamos reflejo, dentro de este modo, no sea más que la descripción poética, artística, de ese acontecimiento. Y lo que llamamos interpretación, también, siempre que el texto o la obra a interpretar, germine desde el núcleo de ese encuentro.

 

Desde la resonancia, la expresión es la descripción, la narración poética del acontecer, con una palabra que en su manifestarse, junto con ese manifestarse, va abriendo el espacio de la transformación. En su expresarse va siendo y develando y haciendo lugar.

¿Registran en ustedes la impresión al leer una poesía que está en consonancia con nuestra experiencia?¿Qué les pasa al  mirar un cuadro que les toca el alma? Si en ese momento tuvieran que poner palabras, ¿cuales serían? ¿Como serían? De mis maestros aprendí a mirarnos entre las personas, a escucharnos como quien mira una obra de arte, o escucha una música, dejándose impregnar...soltando y recibiendo.

¿Podremos como terapeutas, escuchar, mirar observar y comunicar desde esa misma vibración?

 

"La poeticidad no se refiere únicamente a aquello que está en relación con la poesía, en una relación amistosa o erótica, por ejemplo,  puede haber más poeticidad que en la obra de un poeta coronado. Pero el hogar de esta poeticidad no es el hombre personal, individual.  Comprender al hombre de un modo personal e individual es cerrarse al mundo, es quedarse en el psicologismo. Es únicamente cuando el hombre se comprende como fragmento del mundo, como un fragmento que juega con los otros fragmentos, que el juego del mundo puede abrirse”[10]

                    

La palabra poética apartada de la objetivación, implicada en ese universo total del encuentro terapéutico, despliega todo su poder transformador. En ese territorio no hay interioridad, (por eso creo que también es discutible el término intersubjetividad), la palabra no nace de la subjetividad sino que es un hablar que es el ser pronunciado, como un habla espontánea que se revela en el mismo acto en que es nombrada. El terapeuta presta su voz a esa narración:”el orador no piensa antes de hablar, ni siquiera mientras habla, su discurso es su pensamiento”[11]. La  palabra dicha en el encuentro terapéutico, en el ámbito de la resonancia, es palabra poética, aunque estemos diciendo “esquizofrenia”, aunque estemos hablando de un diagnóstico. Creo que la palabra poética es la manera en que la libertad del mundo esta implicada en nosotros, seres hablantes . Es el lenguaje de la cocreación, de la no dualidad, y el camino a la unidad múltiple a la que pertenecemos. El  lenguaje poético, es el lenguaje de la liberación del ser. ¿Por qué?, porque en su valor abierto, que abre a múltiples significados (polisemia), libera a la palabra y a la experiencia humana, de su carácter de constructo fijo. La palabra genuina, la palabra original, nombra la libertad del hombre, y al mismo tiempo su pertenencia a una totalidad mayor.

 

“En este sentido tal vez sea la poesía la zona de confluencia entre la palabra y su sonoridad, donde la palabra pierde su peso especifico,  su consistencia conceptual y categórica y se abre el ámbito que articula la palabra y la música: el “entre” que caracteriza entonces a la Psicoterapia Poética”[12]

 

La resonancia cuestiona el modelo de intersubjetividad, ya que da cuenta de una subjetividad descentrada, considerando que la palabra sujeto remite a una identidad  cerrada en sí misma y conciente de si. La palabra genuina no descansa en el concepto, lo excede...

 

No creo que toda comunicación entre paciente y terapeuta, entre cliente y consultante, tenga todo el tiempo esta calidad, creo que la palabra subjetiva, también es parte del encuentro, nos permite  acercarnos, nombrar, ir presentándonos, tal vez ordenar, pero en el ámbito de la resonancia, y de la conciencia de la mutua implicación, toda dirección y expresión nace de ese territorio que nombramos que no es de ninguno de los dos, nace en esa oscuridad en donde navega la palabra poética, la oscuridad como lo no visible de lo visible. La palabra es ahí también libertad al dejar resguardada la posibilidad de misterio, y por lo tanto de movimiento y búsqueda.

 

La palabra es la casa del ser, dijo Heiddegger y creo que es así, en tanto también deje lugar a esos espacios en donde se abre el vacío del lenguaje, el silencio y el misterio. Esa es la palabra poética, la que rescata al ser de la trampa de los conceptos y la objetivación. Esa es la palabra más humana, la que tiene todo el poder en el encuentro terapéutico. Habitar esa palabra, que pregunta, que acompaña, que invita, que nos hace entrar, al espacio donde se esconden otros planos de nuestro ser, que por habitar la objetividad, dejamos sin casa...al territorio donde lo Invisible, que nombra Merleau Ponty, nos une en un universo común.

 

Dice Merleau: “todo el saber se instala en los horizontes abiertos de la percepción”. Podemos decir también que todo lo que hay que saber está ahí presente tejido con nosotros en el encuentro.

 

EL PODER DE LA PALABRA

 

Dije al comienzo, que trabajar desde esta manera implica una posición con respecto al poder, a como circula el poder dentro de esta relación. Desde esta mirada estamos hablando de la transformación y la potencia dentro del encuentro. Estamos los dos, (o los que seamos) atravesados por la transformación, que abre nuestra percepción, amplía nuestra conciencia, nuestra frontera, permitiendo incluir y habitar lo que estaba quebrado y separado.

El estar implicados incluye necesariamente mi transformación. Y cuando dejo que la palabra genuina me habite, estoy soltando cierto tipo de poder, y habitando otro. Suelto el poder de someter el acontecimiento a los dictados de mi yo, de controlar variables y resultados prefijados. Me abro al poder de la libertad de ser, estando en contacto, escuchando, haciendo lugar a lo nuevo, a lo inesperado,  con toda la potencia sanadora que esto tiene.  Esto se sostiene en la creencia, en la confianza básica en que la dirección la marca el orden espontáneo del acontecimiento del que somos parte. En palabras de Merleau Ponty, tal vez sería confiar en el orden espontáneo de la naturaleza, (o más adelante en su obra, de confiar en ese devenir universal en el que el hombre está incluido).

No directividad no implica no dirección, implica aceptar  ese orden espontáneo,  esa dirección que nos marca el estar presentes.

 

La confianza en esa dirección propia del acontecimiento del encuentro, tiene que ver también con una posición frente al mundo. Ese impulso vital, tendencia transformativa, no es personal, corresponde también a una totalidad mayor. Me siento más a gusto cuando escucho autores hablar de un cosmos vivo, una tierra viva, perteneciente a una totalidad sin nombre y que por suerte no podemos abarcar...siempre se escapa...y nos deja el espacio abierto para la novedad y para la libertad del presente.

Si la tierra está viva, en movimiento, desplegándose, no hay leyes inmutables, (salvo que queramos someternos a esa idea y desde ahí construir realidad de verdades inmutables).

El poder de este modo de psicoterápia, no radica en la cantidad de recursos técnicos aprendidos, para ser desplegados dentro de la consulta. Sino más bien en la contundencia de la relación que se crea, sostenida dentro de una epistemología clara y rigurosa y desde ahí, hasta puedo bailar con mi paciente, si es  que la dirección de nuestro encuentro lo  indica.

 

Mirar desde aquí, es un desafío. Requiere de mi, estar presente y en contacto; ser quien soy y estar dispuesta a implicarme y dejarme transformar. Sé que ahí está el verdadero poder. Si la libertad de ser es necesariamente con el otro, el camino hacia esa libertad es en comunión.

 

La palabra,  el sonido humano,  tiene  el poder de hacer visible lo invisible, de unir lo que parecía separado, de nombrar todos los colores de la diversidad. Tal vez por eso los grandes dictadores, “fusilan poetas y cantores”. Los misiles, increíbles medios de manipulación masiva, arrasan con el sonido de miles de voces. El hambre que responde a intereses lejanos, deja sin voz el canto de miles de personas.  Es mi deseo que la palabra genuina pueda seguir siendo el canto de nuestra libertad, de la de todos en este nuestro mundo.

 

 

 

Viviana Rey

29 de Abril 2003

reyvivi@arnet.com.ar

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

 

  • Merleau-Ponty M.  - Fenomenología de la Percepción
  • Merleau-Ponty M. - Sentido y Sin sentido
  • Marilena de Souza Chauí. - Merleau Ponty, La experiencia del Pensamiento
  • Homero Altesor – Cosmologías (de Minkowski a Merleau Ponty)
  • Homero Altesor – El buen sentido y la magia
  • Alicia Pochew – Maurice Merleau Ponty: La unidad viviente entre nosotros mismos y el mundo
  • Carl Rogers . El camino del Ser
  • Carl Rogers. Psicoterapia Centrada en el Cliente
  • Carl Rogers . Persona a persona
  • Claudio Rud . La función de la Metáfora
  • Claudio Rud . La psicoterápia Poetica
  • Claudio Rud . El poder en psicoterapia y el poder de la psicoterápia...
  • Claudio Rud . Empatía
  • C. Rud y V.Rey . Resonancias
  • Oscar Pintado Fernández – La verdad como comunicación en K. Jaspers
  • Michel Foucault – El orden del Discurso
  • Salvador Paniker – Filosofía y Mística

 

[1] Claudio Rud-. La función de la metáfora.1980

[2] Merleau-Ponty. Fenomenología de la Percepción

[3] Merleau-Ponty. Fenomenología de la Percepción

[4]  Alicia Pochew : Merleau Ponty: La unidad viviente entre nosotros mismos y el mundo

[5]  K, Jaspers. Autobiografía

[6]  K. Jaspers.

[7] Merleau Ponty – buscar fuente

[8] Merleau-Ponty- Fenomenología de la Percepción-

[9] Merleu- Ponty- Fenomenología de la Percepción

[10] KOSTAS AXELOS . La poeticidad del mundo. Conferencia dictada en La Capilla, el 29 de Abril del 86

[11] Merleau Pontu- Idem

[12] Claudio Rud –

 

 

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